Era el día y había que aprovecharlo. La Semana Santa deja de ser santa para los universitarios que curramos en la semana de pascua para poder surtirnos de goloso material de escalada que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida.

Las predicciones lo decían claro, el jueves aguantará con incluso sol a la mañana, y para el resto de los días hasta el domingo entra el frente de lleno a tocar las pelotas.
Y así ha sido, hoy viernes no para de llover así que abra que adecentar el cuarto… que falta le hace.
Peña Karria es uno de los paraísos alpinisticos alaveses con menos expansión y eso es lo que lo ha convertido en un lugar solitario e inhóspito. Su complicada subida por la ruta normal, dónde el último tramo es un chatarrería vertical al estilo dolomitas, está lleno de sirgas, cadenas y barras de acero, que dan un ambientazo peculiar a la montaña.

Geológicamente hablando, puede que sea uno de los mejores balcones geológicos de Álava ya que la visión estereoscópica que se alcanza a lo largo de la arista permite visionar las diferentes series con relieve en cuesta que continúan hasta Gorobel al norte, un impactante sinclinal y el anticlinal de Valderejo con su peculiar cierre a la altura de erosión.

La escalada es juguetona y divertida, apenas hay tres clavos a lo largo de la arista a sí que llevando un puñado de cintas, un juego de friends por debajo del nº 2, y un juego de fisureros se va sobrado metiendo seguros en un sinfín de emplazamientos.
